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¿Por qué peleamos tanto?

Moisés se enfrentó a dos enemigos, uno que podía controlar y otro que no

    Rabbi YY Jacobson

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  • December 30, 2012
  • |
  • 17 Tevet 5773
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¿Por qué peleamos tanto? - Moisés se enfrentó a dos enemigos, uno que podía controlar y otro que no

Dedicado por la Familia Duer

Dedicado Leilui Nishmat Eliezer Jaim ben Moshe Betzalel Haleivi

 ¿La guerra ha acabado?

 

Un hombre en Alemania sentía que tenía que confesarse, así que se acercó a su sacerdote. "Perdóname Padre, porque he pecado. Durante la Segunda Guerra Mundial, escondí a un Judio en mi ático."

"Bueno", contestó el sacerdote, "eso no es un pecado."

"Pero yo le cobraba 50 dólares por cada semana que se quedaba."

"Admito que no está bien, pero usted lo hizo por una buena causa."

"Oh, gracias, Padre, por aliviar mi mente, tengo una pregunta más ...".

"¿Cuál es tu pregunta, hijo mío?"

"¿Debo avisarle que la guerra ha acabado?"

 

Dos incidentes de violencia

En la parashá de esta semana (Shemot) la Biblia nos cuenta dos episodios que sucedieron con Moisés (Éxodo, capítulo 2):

"Resulta que en aquellos días, siendo Moshé grande, salió a visitar a sus hermanos y observó sus sufrimientos. Vio (también) que un egipcio golpeaba a un hebreo, uno de sus hermanos (de raza). Miró (Moshé) a un lado y al otro, y al ver que no había nadie mató al egipcio y lo enterró en la arena."

La Biblia continúa diciendo:

"Al día siguiente, al salir, vio dos hebreos que estaban peleando (eran Datán y Aviram). Encaró entonces al culpable (lit.:al perverso): “Por qué golpeas a tu prójimo?”. A lo que respondió: “¿Quién te puso como hombre, como jefe y juez entre nosotros? (Moshé era un muchacho, por eso el hebreo le dijo “'¡Quién te puso como hombre!). ¿Piensas matarme a mí como mataste al egipcio?” Entonces Moshé tuvo miedo y pensó “¡Evidentemente se divulgo el incidente!” (Moshé temió al constatar que había delatores entre sus hermanos)."

 

Como resultado, se escapó de Egipto. Sólo más tarde regresó al país a liberar a su pueblo de la esclavitud.

 

No es casualidad que estos son los únicos dos episodios que la Biblia comparte con nosotros sobre la juventud de Moisés en Egipto, y que la Biblia hace hincapié en que estos dos episodios se produjeron durante dos días consecutivos. Parece que estos dos episodios de algún modo encapsulan la vida de Moisés, su misión y destino. ¿Cómo se explica?

 

Dos condiciones del exilio

La problemática del pueblo judío se compone de dos maneras: la opresión desde fuera y las peleas desde dentro. La primera puede ser más dolorosa, pero la última es más letal. Por lo tanto, el líder judío, Moisés, se enfrenta inmediatamente con estos dos problemas de la condición judía en el exilio.

El más básico nivel del exilio judío, desde Egipto hasta hoy en día, se rige por “un egipcio atacaba a un judío”: persecuciones, abuso, opresión, expulsión, tortura, asesinatos, genocidio.

En cada generación, los judíos sufren de estas calamidades, y “ven que no hay ningún hombre”; el mundo, la ONU se mantiene en silencio.

 

Sin embargo, a pesar de tal brutalidad, Moisés encuentra una solución a esta crisis; "Mató al egipcio y lo escondió en la arena." Moisés nos enseñó que hay momentos en que no tenemos más remedio que tomar las armas y atacar al enemigo, con el fin de proteger vidas inocentes. El uso de la violencia moral siempre debe ser el último recurso, pero cuando todos los demás intentos fallan, el poder justo es la única respuesta a la violencia inmoral.

 

El Segundo Día

 

En el segundo día, después de que Moisés rescató a un hombre judío del enemigo externo, se enfrentó a un nuevo reto: Un judío luchando contra un judío. Uno podría pensar que la solución a este problema sería más fácil que el anterior. Después de todo, esto es sólo una disputa entre los judíos mismos. Sin embargo, sorprendentemente, en este incidente Moisés falla. Su intento por reconciliarlos se vuelve en su contra. En una respuesta típica judía, le dicen a Moisés: "¿Quién te designó como príncipe y líder sobre nosotros?" ¿Quién te crees que eres para decirme cómo debo comportarme?

 

El antisemitismo es peligroso, muy peligroso, y necesitamos mucha determinación y coraje para luchar contra él. Sin embargo, ya que el enemigo está claramente definido, no tenemos ningún problema para identificar el objetivo y su eliminación, ya sea a través de métodos pacíficos o por medio de fuerzas justificadas. Sin embargo, la discordia dentro del pueblo judío - la lucha y la desconfianza entre las comunidades, así como la animosidad entre las comunidades y familias - es una enfermedad silenciosa que consume nuestra esencia, y no permite que experimentemos la liberación. Al principio no parece muy destructivo; su potencia negativa aparece sólo con el tiempo, sobre todo en momentos de crisis cuando más se necesitan mutuamente.

 

El pueblo judío ha sido frecuentemente amenazado por civilizaciones hostiles, desde el antiguo Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma, al Tercer Reich y la Unión Soviética en el siglo XX, y por el Islam fundamentalista en nuestros días. Sin embargo, las lesiones más graves han sido las que el pueblo judío se ha infligido a sí mismo: la división del reino en tiempos del Primer Templo, lo que provocó la derrota definitiva de las dos mitades y la pérdida de diez de las doce tribus, la intensa rivalidad en los últimos días del Segundo Templo, lo que provocó la destrucción de Jerusalén y el más largo exilio en la historia.

 

Sólo ha habido tres períodos de soberanía política judía en cuatro mil años. Dos acabaron debido a problemas internos. El tercer período de soberanía se inició en 1948, y ya la sociedad israelí está fragmentada peligrosamente. El proceso democrático por sí solo no puede garantizar la existencia del cuerpo político, sino que necesita también un poco de cultura compartida y de identidad, un sentido compartido de propósito y destino.

 

Cuando Moisés, hace más de tres mil años, observó la lucha entre los judíos, se asustó. Moisés sabía que mientras prevalecía la unidad entre su pueblo, ninguna fuerza del exterior podría aplastarlos. Pero en el momento en que se fragmentó esa unidad, el futuro se volvió sombrío.

 

Hoy, en 2013, todavía estamos en el exilio, y sufrimos de ambos problemas. Hay personas que nos quieren abatir, y hay conflictos dentro de nosotros mismos. Y, tal como sucedió con Moisés, a veces parece que el reto primero es más fácil de tratar que el segundo. Es más fácil obtener un consenso en torno a Ahmadinejad y Hamás que la creación de la paz en la familia y la comunidad.

¿Seremos capaces de por lo menos esta vez controlar nuestro ego, abrir nuestro corazón y abrazar a cada uno de nuestros hermanos y hermanas con amor incondicional?

 

Traducido por el Rabino Moty Segal

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