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La terapia de los pozos

¿Por qué nuestros Grandes Hombres encontraron a sus destinadas en pozos?

    Rabbi YY Jacobson

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  • November 20, 2012
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La terapia de los pozos - ¿Por qué nuestros Grandes Hombres encontraron a sus destinadas en pozos?

Dedicado Leilui Nishmat Eliezer Jaim ben Moishe Betzalel Haleivi

Arrogancia

 

Una vez, entrevistaron a cierta muchacha que dijo: "No voy a salir nunca más a conocer hombres". El periodista le preguntó, cuál era la causa de dicha medida drástica. Ella respondió: "El último hombre a quien conocí habló solamente de él durante dos horas. Luego me miró y me dijo, "Basta ya de hablar de mí, ahora dime qué piensas tú sobre mí".

 

Tres parejas

 

El Midrash nos cuenta[1] que tres de los más grandes hombres de la fe judía se encontraron con quienes serían sus esposas en pozos de agua. Ellos eran: Isaac, Jacob y Moisés.

En esta porción semanal de la Torá, Vaietzé, se nos cuenta con detalle la historia de cómo Jacob, el tercero de nuestros Patriarcas, encontró a su novia, Rajel, en un pozo ubicado en las afueras de Jarán, una ciudad de la Mesopotamia.

Lo mismo ocurrió con Isaac y Moisés[2]. Ambos encontraron a sus futuras esposas en las proximidades de un pozo.

Podemos comprender cómo un lugar donde hay agua, ya sea un lago o un río, es especial para el florecimiento del romance. El agua generalemnte, evoca en los corazones de las personas ciertas emociones que representan la cualidad de la unión, ya que atrae diferentes objetos unos a los otros.

Pero ¿Qué hay con los pozos en donde el agua yace debajo de la tierra y una roca los cubre la mayoría del tiempo[3]? ¿Cómo ellos pudieron traer una unión entre nuestros patriarcas y matriarcas?

¿Y por qué estos tres hombres en particular- Isaac, Jacob y Moisés- decidieron encontrar a sus destinadas junto a un pozo?

 

El camino hacia el matrimonio

 

Como en todas las historias de la Torá, esta también, contiene un simbolismo psicológico y espiritual, permitiéndole a la historia transformarse en un relato eterno que nos ayudará a encontrar a nuestro cónyuge y mantener una relación significativa con dicha persona.

Un pozo, contrariamente a una piscina, contiene elementos opuestos. Por un lago, el pozo no tiene valor alguno sin el esfuerzo y el trabajo de la persona. A diferencia de la lluvia o las aguas del océano, en un pozo debemos cavar muy profundo para descubrir los manantiales de agua que se encuentran bajo la corteza terrestre[4].

Por el otro lado, los seres humanos no tenemos la capacidad de crear ni de generar el flujo del agua de un pozo; nuestros esfuerzos simplemente ayudan a exponer algo que ya existe.

Este es el punto de vista de la Torá sobre el matrimonio. Nosotros no creamos nuestra fuente personal de amor. A través de nuestros esfuerzos, exponemos una relación que ya ha sido otorgada por D-os antes de nuestro nacimiento[5], en las palabras del Zohar,[6] "Un marido y una mujer son dos partes de una misma alma". Cada pareja, como el pozo, está formada en el cielo.[7] La conexión ya se dio antes; el flujo de agua-energía de nuestra alma con la del alma de nuestro cónyuge ya existe. Puede estar completamente cubierta, y por eso, es el trabajo de la persona desenterrarla y exponerla.

Debemos encontrar y "cavar" por nuestro cónyuge; pero cuando lo encontremos ,debemos saber que hemos descubierto una relación que ya existía antes incluso de encontrarnos.

 

 

Cuando surge el conflicto

 

Así como no podemos crear un poco, tampoco podemos destruirlo. Podemos taparlo, obstruirlo para que el agua no corra, pero no podemos aniquilarlo. Estos tres gigantes espirituales que se comprometieron al lado de pozos, también nos han transmitido este mensaje sobre sus propias relaciones.

Cuando tienes un conflicto con tu cónyuge o simplemente te das cuenta de las fuertes diferencias entre él/ella y tú, no pienses que la relación ha muerto. Una pareja casada debe recordar, que en la mayoría de los casos, su conexión es esencial e innato. La separación entre ellos es una aberración de su verdadera condición, porque es D-os quien crea la conexión entre marido y mujer, designándolos como "dos partes de una misma alma".

El lazo entre marido y mujer, en otras palabras, es una condición inherente, no una adquirida. Está grabada en la esencia de sus almas. Esta relación no puede ser destruida. Puede sí, estar oculta entre marido y mujer, enterrada bajo tierra y arena, y cada uno debe tomar una pala en sus manos y comenzar a destaparla para traer otra vez el manantial de amor que los une como pareja de la vida.

Nuestros patriarcas se encontraron con sus esposas en pozos para enseñarnos, que la terapia más efectiva para curar los conflictos es "la terapia de los pozos": Saber que la relación está grabada en las mismas almas. Nuestra tarea es exponerla y permitir que dicha relación pre existente nos una.

(Desafortunadamente, hay muchas excepciones para esta regla. En algunos casos, el matrimonio no puede ser salvado porque, o bien el pozo se secó o nunca hubo uno. Desde el punto de vista de la Torá, a diferencia de los puntos de vistas seculares, éstos son casos excepcionales y no constituyen a la norma).

 

 

Una ardua tarea

 

Los matrimonios de Isaac, Jacob y Moisés se dieron por medio de mucho esfuerzo y trabajo. Jacob, como nos cuenta esta porción semanal de la Torá, trabajó durante 14 años para casarse con Rajel; Isaac precisó enviar al sirviente de su padre a otro país, Mesopotamia, con mucho dinero para poder conseguir una novia. E incluso luego de haber encontrado a Rebeca (Ribká), precisó trabajar muy duro para poder persuadir a su familia de dejarla ir. Moisés tuvo que pelear con los pastores de Midian para poder conseguir a su novia, Tzipora.

Siendo que ellos trabajaron tan arduamente para conseguir a sus cónyuges, uno puede pensar, que ellos creían que sus matrimonios fueron consecuencia plenamente de sus esfuerzos. Por eso, la Torá nos informa precisamente que estos tres grandes hombres encontraron a sus esposas en pozos de agua. 

Esto simboliza su propia actitud acerca de encontrar a sus cónyuges: La relación, así como el pozo, es una realidad pre existente. Pero, siendo que se encuentra bajo tierra, cada uno debe hacer su parte y cavar, para poder exponer y mantener la inherente relación entre marido y mujer[8].

 

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[email protected].

 

 

Traducido por Jana Segal

 

 

[1] Midrash Raba, Shmot, 1:32.

[2] Génesis 24:62, 29:2. Éxodo 2:15.

[3] Génesis 29:2.

[4] Otro simbolismo está explicado en el comentario del Mahrzav en el Midrash, ibid

[5] 2A Sotá 2a.

[6] Vaikrá 7b.

[7] Tratado de Sotá 2a.

[8] Este artículo está basado en varias escrituras de los Maestros Jasídicos (Egionot El Ami por Rabí Moshé Avigdor Amiel) de la Parsha Bereshit.

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