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El plan de Jacob: "Logre la serenidad en tan solo tres pasos".

Regalo, plegaria y guerra.

    Rabbi YY Jacobson

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  • November 25, 2012
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El plan de Jacob: "Logre la serenidad en tan solo tres pasos". - Regalo, plegaria y guerra.

Leilui nishmat Mordejai ben Moshe

Dos perspectivas.

 

Sherlock Holmes y el Dr Watson van a acampar juntos, arman una carpa y entran a descansar tranquilos junto al fogón. En la mitad de la noche, Sherlock se vuelve hacia el Dr. Watson y le dice: "¿En qué estás pensando ahora?"

Watson le responde: "¡Sherlock! Esto es increíble. Estoy observando las estrellas celestiales que nos rodean, y me siento envuelto por el esplandor romántico de la noche, y disfruto de la espléndida vista que tenemos. ¿En qué estás pensando tú?", le pregunta pues a Sherlock.

"En que alguien nos robó la carpa", le responde.

 

 

Regalo, plegaria y guerra.

 

Luego de treinta y cuatro años de separación de sus padres, Jacob junto a su familia, deciden volver de la Mesopotamia a su casa en la Tierra de Israel. En el camino, Jacob se entera que su hermano Esaú está yendo hacia él con un ejército, determinado a matarlo.

Nuestros sabios aprenden de la narrativa Bíblica de la porción de Vaishlaj que Jacob se preparó para enfrentarse con Esaú con tres estrategias: Regalo, plegaria y guerra[1]

Primero, Jacob le envía a Esaú varios regalos para apaciguar su enojo. Estos regalos incluyen cabritos, camellos, vacas, toros, burros, etc. Luego, Jacob se enfrascó en una devota plegaria, envolviéndose a él mismo y  su fe en la compasión de D-os. Finalemnte, Jacob se prepara y prepara a su familia para una guerra con Esaú.

 

 

La Batalla diaria

 

Las historias en la Torá, no son simplemente eventos que ocurrieron una vez, con ciertos personajes. Son también reflejos de episodios espirituales y emocionales que ocurren constantemente en el corazón humano.

El hombre es una dualidad: Es una montaña de polvo y una visión de D-os.

Los hermanos mellizos, Jacob y Esaú personifican, respectivamente estas fuerzas polares que existen dentro del ser humano[2]. Esaú personifica nuestra identidad egocéntrica y animal, y Jacob personifica nuestra alma idealista, trascendente y espiritual.

La rivalidad entre los hermanos refleja la tensión y la pelea interminable de estas dos fuerzas que existen en nuestra vida: la pelea entre nuestro ego y nuestra humildad, entre nuestros deseos egoístas y nuestras aspiraciones nobles, entre nuestros deseos impulsivos y nuestros anhelos altruistas.

Ninguno de nosotros está excento de este enfrentamiento diario con "Esaú". Constantemente estamos abrumados con cargas materialistas, humores egoístas y deseos inmorales. Estas incesantes demandas de nuestra conciencia animal y egocéntrica son una amenaza que aspiran a matar al "Jabob" que hay dentro nuestro.

 

¿Cómo uno puede lidiar con estas fuerzas potentes que, parecen ser mucho más poderosas que nuestras fuerzas sagradas? Debemos emplear el "programa de tres pasos de Jacob: Regalo, plegaria y serenidad".

 

 

Honrando a tu animal

 

Antes que nada, debemos regalarle a Esaú algunos de nuestros bienes. Debemos reconocer la conciencia animal que vive dentro nuestro y honrar su presencia dándole lo que precisa. Debemos comer, dormir, ejercitarnos, trabajar y realizar alguna actividad que nos de ocio y bienestar físico en este mundo. El alma animal desea recibir su regalo diario de nosotros, que incluye nuestro tiempo, energía y fuentes.

Aún así, ¿Cómo nos aseguramos que no estamos "abusando" de todo esto? ¿Cómo podemos garantizarnos que nuestro tributo diario a la identidad animal dentro de nosotros no pase a ser el centro de nuestras vidas, reemplazando al alma espiritual?

Para ello, Jacob debe recurrir a la plegaria. "Sálvame", reza Jacob cuando Esaú se acerca, "de las manos de mi hermano, de las manos de Esaú. Le tengo miedo, ya que él ha venido y me herirá"[3]. ¿Por qué la redundancia, "de las manos de mi hermano, de las manos de Esaú"?

No habría ningún miedo de la influencia de Esaú si nosotros estaríamos desconectados de su realidad, si fueramos seres esprituales y viviéramos como tales. El Judaísmo demanda de nosotros que Esaú sea nuestro "hermano", que nos involucremos en nuestras necesidades animales y físicas, que lidiemos con el mundo físico que nos rodea. Bajo estas condiciones, la única forma que podemos asegurarnos que Esaú no domina ni controla nuestras vidas, es a través de la plegaria.

 

 

EL regalo de la plegaria

 

¿Qué es la plegaria? Así como hay momentos en los que hay que satisfacer las necesidades del alma animal, hay momentos en el día que "dejamos de lado" nuestra identidad física y entramos a un oasis trascedental de nuestra alma. Es el momento en el que ponemos a dormir a nuestro ego y descubrimos nuestro amor y espiritual interno.

Todo el día, pensamos en nuestras carpas; durante la plegaria nos enfocamos en las estrellas, en el esplendor y en el significado de nuestras vidas.

¿Alguna vez has experimentado el poder de la plegaria? Lamentablemente, la mayoría de las sinagogas se parecen a un gallinero más que una isla espiritual en donde uno vuelve a su casa, a su alma. Es una lástima, porque el carecer de esta experiencia diaria de la plegaria genuina, inevitablemente nos volvemos más vulnerables a la embestida de Esaú[4].

Por ejemplo, cuando no rezas, ni meditas ni te conectas con tu alma en la mañana, entonces careces del coraje y la visión de controlar la adicción a la comida de Esaú; en otras palabras, te impulsa a tener un desayuno no sano. Cuando te diriges a la oficina, careces de esta fuerza de conducir tus negocios honestamente. La plegaria asegura que el regalo que nosotros le presentamos a nuestra alma animal no nos desgaste por completo, para no llegar a un punto que no tendremos nada a lo que llamar "nuestro".

 

 

Bajo el cuchillo

 

Aún así, todo lo arriba mencionado no es suficiente. Jacob también debe prepararse para la guerra. Algunas pasiones y deseos de nuestra alma animal, no pueden ser tratados con la plegaria solamente. Debemos declarlares la guerra.

Algunas veces, durante el día o la noche, nos envuelven deseos muy poderosos de "Esaú". En esos momentos, hay una sola cosa que se puede hacer: Levanta el puño, pégale en el rostro de ese impulso y atácalo[5].

 

Traducido por Jana Segal

 

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[1] Rashi, Genesis 32:9, citando al Midrash Tanjumah.

[2] Esto está discutido en varios escritos místicos.

[3] Genesis 32:12.

[4] Véase Tania capítulos 12 y 28.

[5] Véase Rashi en el Talmud Berajot 5a. Tania capítulos 12, 27, 29.

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